EL PROYECTO
El proyecto nació de una experiencia real, donde se evidenció cómo la presencia de un perro puede transformar la vida de personas.

EL PROYECTO SAMA XARIT
El poder del vínculo humano-animal
Sama Xarit facilita la integración de perros en entornos donde las relaciones humanas pueden estar marcadas por dificultades emocionales o barreras sociales. El perro actúa como un mediador natural del afecto, ayudando a crear un ambiente más cálido, seguro y enriquecedor.
Ámbitos de Aplicación :
- Centros residencial: Mejorando el bienestar emocional de los residentes y promoviendo la convivencia saludable en hogares para menores, adultos, mayores, personas con diversidad funcional.
- Hogares para personas sin hogar: Fomentando la creación de vínculos emocionales y la sensación de seguridad en situaciones de vulnerabilidad extrema.
- Centros de rehabilitación: Ayudando en el proceso de recuperación emocional y física.
- Centros educativos y de inclusión social: Facilitando el desarrollo de habilidades sociales, empatía y responsabilidad en entornos educativos y programas de reinserción social.
- Residencias de mayores: Potenciando el bienestar y la actividad física de las personas mayores, así como proporcionando compañía y reduciendo la soledad.
- Hogares de Mujeres: Brindando apoyo emocional, recuperando la confianza en la relaciones y superar traumas emocionales a través de la seguridad, compañía y consuelo.
Un vínculo que transforma vidas
Sama Xarit nació con el propósito de introducir la convivencia con perros en espacios donde el apoyo emocional es fundamental. Su impacto va más allá de la compañía: fortalece vínculos, mejora la autoestima y transforma la dinámica de convivencia en cualquier entorno.
Historias Reales, Impacto Real
Las historias de quienes han vivido Sama Xarit son la mejor prueba de su impacto.

«Antes me costaba hablar con la gente. Con Sam a mi lado, aprendí a expresarme y sentirme seguro.»
Moussa – Participante en una residencia de menores

«La presencia de Sam hizo la magia de transformar la energía de la casa, y saco lo mejor de los chavales: cariño, cuidado, contacto físico, juego; hizo que fluyera el lenguaje de las emociones.»
Antonia – Educadora social en un centro de acogida



